La meditación y la salud

¿Cómo ayuda la meditación cuando uno sufre de agotamiento mental (burnout), de fibromialgia (FM) y del síndrome de fatiga cronica (SFC-Sydrome de Fatigue Chronique)?

Vivimos en un mundo que nos somete a rendir bajo presión, con continuas y crecientes impresiones externas. Esta situación nos pone constantemente a prueba, haciendo que el estrés y los problemas físicos y mentales se hagan latentes.

El estrés está generalmente relacionado con el intento por  deshacernos de cierta  tensión. Mientras más lo intentemos, menos éxito tendremos. Se trata más bien de echar por la borda nuestra acostumbrada percepción habitual o nuestra convicción.

Si aprendemos a considerar el estrés como lo que es - es decir, una tensión temporal - se nos abre una nueva perspectiva. También podemos reconocer las características positivas del estrés. Y en este punto ya no nos identificamos con una idea que tenemos sobre estrés. Seamos honestos – quien no está consciente que una copa de vino sabe mejor que nunca después de un día de trabajo agotador. O que un paseo evoca sentimientos de felicidad?

Aunque el estrés es la causa más frecuente de problemas mentales, también es algo natural. La relajación sólo puede ocurrir cuando la tensión se acumula. La única pregunta es ¿Cuánta conciencia tengo en una situación estresante? ¿Hay un equilibrio entre la tensión y la relajación? ¿Reconozco los límites de mi resistencia?

Estudios a largo plazo han demostrado que la meditación, como una de las técnicas de relajación más antiguas del mundo, puede aliviar y disolver el estrés. La meditación  también  ha demostrado  su eficacia en el tratamiento del dolor.

El estrés aumenta el burnout, el FM y el SFC y pone a  los enfermos en un círculo vicioso. La meditación puede ser practicada en cualquier momento y en cualquier lugar para reducir los niveles de estrés personal. Al principio puede ser útil asistir a seminarios de meditación. Para la gente que cuenta con experiencia estos seminarios sirven para profundizar en su propia práctica y retirarse de los acontecimientos diarios. La buena noticia es que la meditación se puede practicar de forma independiente y no requiere de una supervisión permanente por parte de los profesores.

A nivel físico, la meditación reduce la cantidad de la hormona del estrés, Cortisol, previene enfermedades del corazón y al mismo tiempo relaja los músculos del cuerpo de manera integral.
El sueño se vuelve más profundo y por lo tanto proporciona la recuperación necesaria. Esto aumenta el nivel de energía necesario para la exigente vida cotidiana y proporciona una serenidad equilibrada y el equilibrio entre tensión y relajación. A través de la práctica regular de la meditación también se está cambiando la estructura del cerebro humano: estudios a largo plazo han demostrado que con una sola meditación se producen  cambios duraderos positivos en el cerebro.

A nivel mental la meditación calma al espíritu humano. Nacen la claridad, un aumento de la capacidad de concentración, la perseverancia y la satisfacción personal. Las influencias externas negativas o los enfrentamientos ya no monopolizan la reflexión. Más bien, nos ganamos un punto de vista holístico de las cosas, sin tener en cuenta las evaluaciones, las opiniones y las creencias colectivas.

En lugar de la constante preocupación por los problemas, la satisfacción y la serenidad determinan nuestra existencia. Un fenómeno que en última instancia no permanece en secreto porque  lo que hacemos para nuestro mundo interior, al mismo tiempo lo hacemos para el mundo exterior.